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Todos conocemos a alguien así

Hay personas que siempre están para los demás. Escuchan, ayudan, aceptan tareas, reorganizan su agenda y responden cuando alguien las necesita. Desde afuera suelen ser vistas como personas generosas y confiables.

Sin embargo, muchas veces llegan al final del día con la sensación de haber respondido a las necesidades de todos mientras las propias quedaron, una vez más, para después. No siempre sienten enojo; con frecuencia aparece un cansancio silencioso y la impresión de haberse ido alejando de sí mismas.

La generosidad no debería implicar abandonar las propias necesidades.

Poner límites no significa alejar a las personas

Existe la idea de que poner límites es sinónimo de egoísmo. En realidad, los límites saludables permiten definir dónde termina nuestra responsabilidad y dónde comienza la del otro. Lejos de destruir los vínculos, suelen volverlos más claros, honestos y sostenibles.

¿De dónde aprendemos esto?

Nadie nace creyendo que debe satisfacer siempre las necesidades ajenas. Muchas de estas formas de relacionarnos se construyen a partir de experiencias tempranas: evitar conflictos, buscar aprobación o sentir que el afecto dependía de comportarse siempre «bien». Con el tiempo, esos aprendizajes pueden convertirse en reglas automáticas.

“Si digo que no, voy a decepcionar.”
“Si pongo un límite, van a dejar de quererme.”
“Primero están los demás.”


Un límite saludable muchas veces comienza con una pausa.

¿Por qué decir «no» puede generar tanta culpa?

Muchas personas saben cuál sería el límite que necesitan poner. Lo difícil aparece cuando imaginan la reacción de la otra persona. En ese momento sienten que deben elegir entre cuidar la relación o cuidarse a sí mismas. Esa suele ser una falsa dicotomía.

Lo que sabemos desde la investigación

La investigación sobre asertividad sugiere que expresar necesidades y límites de manera respetuosa se asocia con relaciones más satisfactorias, menor estrés interpersonal y mayor bienestar psicológico. Ser asertivo no es imponerse; es reconocer que nuestras necesidades tienen el mismo valor que las de cualquier otra persona.


Cuidar una relación también implica cuidar el lugar que ocupamos dentro de ella.

La Libertad de elegir nuestra respuesta

Viktor Frankl propuso que la libertad humana implica elegir responsablemente la actitud con la que respondemos a la vida. Esa responsabilidad no es solo hacia los demás, sino también hacia uno mismo. Poner un límite cuando es necesario puede ser una forma de respetar la propia dignidad sin dejar de cuidar el vínculo.

¿Cómo empezar?

  • Tomarse unos minutos antes de responder.
  • Preguntarse: “¿Realmente quiero hacerlo?”.
  • Recordar que decir “no” a una petición no equivale a rechazar a una persona.
  • Observar qué emociones aparecen cuando intentamos priorizarnos.
  • Distinguir entre elegir y actuar por miedo.

Detenerse también es una forma de elegir.

Una pregunta para llevarte

La próxima vez que estés por decir “sí”, preguntate:

¿Estoy eligiendo ayudar o estoy intentando evitar sentir culpa, rechazo o conflicto?

Para cerrar

Poner límites no transforma a una persona amable en una persona egoísta. Permite que la generosidad sea una elección y no una obligación. Muchas personas descubren en psicoterapia que el problema nunca fue decir “no”, sino la antigua creencia de que para ser queridas debían estar siempre disponibles.

Los límites saludables permiten relaciones más auténticas.

Si este artículo te resultó útil…

La psicoterapia ofrece un espacio para comprender de dónde vienen estos aprendizajes y construir formas de relacionarse más libres, respetando la historia, los recursos y el contexto de cada persona.


Lic. Pablo Fernández Brittez
Psicólogo · Psicoterapeuta

Referencias bibliográficas

Las ideas desarrolladas en este artículo se apoyan en investigaciones
y trabajos académicos sobre comparación social, redes sociales,
bienestar psicológico y procesos de construcción de significado.

Si querés profundizar en alguno de estos temas, podés consultar
directamente las fuentes originales:

  1. Festinger, L. (1954). A theory of social comparison processes.
    Human Relations, 7(2), 117–140.

    Consultar publicación original
  2. Verduyn, P., Gugushvili, N., Massar, K., Täht, K., & Kross, E.
    (2020). Social comparison on social networking sites.
    Current Opinion in Psychology, 36, 32–37.

    Consultar publicación original
  3. Meier, A., & Johnson, B. K. (2022). Social comparison and envy
    on social media: A critical review.
    Current Opinion in Psychology, 45, 101302.

    Consultar publicación original
  4. Valkenburg, P. M. (2022). Social media use and well-being:
    What we know and what we need to know.
    Current Opinion in Psychology, 45, 101294.

    Consultar publicación original
  5. Beyens, I., Pouwels, J. L., van Driel, I. I., Keijsers, L., &
    Valkenburg, P. M. (2020). The effect of social media on well-being
    differs from adolescent to adolescent.
    Scientific Reports, 10, 10763.

    Consultar publicación original